Te vi en Carnaval, tu trabajando mientras el resto nos divertíamos bailando, cantando, tomando. Te veo y cuando menos lo espero tu mirada se encuentra con la mía, desafiante y divertida. No lo consigo, un color rojo sube a mi cara y no lo puedo controlar.
Es ese juego que vamos jugando a lo largo del día, sin poder acercarnos más… faltó algo, si… un impulso que más tarde llegaría para poder acercarme a ti, preguntarte tu nombre y entonces poner las fichas sobre el tablero. Tú mientras tanto, con ese modo calmado que tienes identificas mis jugadas y a veces te anticipas sabiendo que me gusta.
Me gusta ese color moreno de tu piel, la miel en tus ojos y lo blanco de tus dientes. Esas manos grandes y esos brazos fuertes con lo que espero me abraces con fuerza para no dejarme ir.
Algunas visitas, pocos besos robados, y hasta ahora… nada… ¿donde estas? ¿Porque no vienes?
Pronto me iré de aquí, no creo regresar, si lo hago, no será a esta ciudad que no me ha ofrecido hasta ahora nada de extraordinario. Espero volver a verte, mantener el contacto, el recuerdo de lo que viví contigo, algo que espero sea pronto e intenso.
Date cuenta que no soy así, te lo he dicho, ahora lo sabes y aprovechas. Situación compleja y divertida al mismo tiempo, situación que envuelve y demanda auspicia.
¿Quién va ganando? ¿Quién ganará?
Te he visto hoy, creo que no estás del todo bien, me sentí incomoda, pero no lo puedo evitar, me encanta verte. Habrá cena en casa y me has preguntado si seremos solo los dos, no será así, no te gusta la idea y de inmediato reacciono diciendo que hare cena para nosotros dos, queda todo mejor, tu cansado y yo… esperando que digas que vendrás, lo sabes y no lo haces. Nos despedimos con un apretón de manos como siempre y dos besos, eso no fue como siempre.
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