Kilo y medio de jitomates, tres cebollas, una docena de pan, doscientos gramos de queso y 150 de jamón, un limón, un cuchillo y el horno pre calentado.
Es hora de lucirme. Después de un baño para levantar más los ánimos, me arreglo y me adueño de esa cocina, todos lo saben y nadie se acerca. Me tomo mi tiempo para ver por donde empiezo, que preparo primero.
Voy con calma pues todos pueden esperar mientras (in)conscientemente te doy tiempo para llegar.
Picando, picando la vinagreta queda lista… picando, picando el tocino queda frito… machacando, machacando los frijoles están en su punto… Pausa… Respiro… voy muy lento, veo el reloj y ha pasado mucho tiempo, ¿ayuda? Si. Llegan para ayudar a cortar el pan mientras hago mis cuentas para ver la variedad de platillos.
Cinco de uno y cinco de otro. El horno está listo. La primera ronda entra, derrite y sale. La segunda ronda entra, llegas tú, me estremezco mientras pienso en lo desarreglada que he de estar, derrite y sale. Tercera ronda entra, derrite entre plática y risas y sale. Cuarta ronda entra, derrite y sale.
Escucho como tocas a la puerta, él la abre y entras irradiando esa felicidad, esa energía que el ensayo te ha dejado. Llegaste como siempre por la puerta de atrás con una bolsa blanca, has salvado la noche con una botella de Martini Rosado. Nos acercamos, un beso de saludo y un abrazo fuerte (¿química?), me siento bien. Te sientas a la mesa en lo que la conversa sigue. Sé que vas tomando fotos sin cámara, sé que vas viendo momentos y registrando una buena imagen y te gustaría tener tu cámara cerca.
Todo está pronto, la mesa puesta… sillas de aquí y de allá. Me siento nerviosa, ¿será que quedó todo bien? ¿Será que lo disfrutarán? Notas mi nerviosismo, pues lo hago obvio, me preguntas qué pasa mientras los demás comen… les ha gustado y yo más calmada como también.
La noche va pasando con pláticas interesantes, los molletes se van acabando… me levanto de la mesa y ella se sienta en mi lugar. Inevitable, no hago nada más que sentarme en la silla que queda frente a ti, no quedamos a la misma altura pero sí de frente… mejor.
Un panqué de naranja y el Martini Rosado servido divertido en vasos de vidrio acompañan la plática de foto, la plática de energías, la plática de música… el tiempo pasa rápido y no lo sentimos. Checas en tu celular la hora, agradeces todo mientras te pones de pie. Ellos te acompañarán a la parada, te despides de ella, te despides de mí con un beso y otro abrazo fuerte. Te acompaño a la puerta, en lo que lo hago él me llama para ir con ustedes, sin dudarlo acepto. Mientras eso pasa me tienes con una mano en la cintura y me niego a moverme. Sales de nuevo por la puerta de atrás con ellos para esperar el elevador.
Me apresuro para ponerme mis zapatos que en la plática quedaron bajo la mesa. El elevador llega y ustedes me esperan. Comenzamos a bajar mientras tú quedas frente a mí. Me niego a encontrarme con tus ojos por un tiempo más largo. Salimos y empezamos a caminar. Caminamos atrás de ellos. Paso mi brazo por abajo del tuyo, pero, ¿cómo has hecho para que terminemos de la mano buscando entrelazar los dedos? Se siente bien, ¿lo sienes también?
Caminamos mientras la plática fluye… tan natural, sin esfuerzos y aún así no como cotidiano. Llegamos a la parada, la plática sigue mientras esperamos el camión que te llevará, no demora en llegar, un beso y un abrazo fuerte, te despides de ellos y corres.
De regreso a la casa, disfrutando de esa calmada noche mientras hacemos un recuento de los hechos más importantes de la noche. Me decido a mandar un mensaje agradeciendo tu visita.
He quedado contenta pues hice lo que más me gusta hacer para ustedes y quedó bien. He quedado feliz pues viniste. He quedado satisfecha con la noche que se cierra con un poco más de Martini Rosado. El resto queda en el congelador esperando la siguiente ocasión.
Nos veremos el viernes, una salsa o una cumbia nos esperan para ser bailadas. Estoy lista.
8:00 am. Despierto mas tarde que de costumbre, debió haber sido el Martini. Despierto contenta y descansada. Lavo algunos platos que se quedaron de ayer, me preparo un café para despertar. Regreso a mi cuarto, prendo el computador… el programa de música es lo primero que abro. Pasa una canción, pasa otra y yo empiezo a escribir. Sin miedo.
Abro el internet y veo que la respuesta del mensaje de anoche esta aquí, esperándome desde ayer mismo. Si, fue una linda noche, sí me encantó verte. Te leo y has dejado una sonrisa por el resto del día en mi cara.
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tienes la capacidad de narrar hechos y vivencias de forma tal qe no se te escapan detalles... lograste que me transportara al momento justo... sin duda quiero conocer otra vivencia con este ser incógnito que al parecer hace que escribas con sentimiento y pasión... de lujo amoreee :D:D:D besoos...
ResponderEliminaramiga me encanto!!!! ohh mi dios me gustaria poder escribir como tu!!!
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