Después de una semana sin vernos salvo por las webcams, llego al aeropuerto, espero mi maleta mientras un forró toca en la puerta de salida. Llega mi maleta y empiezo a caminar para poder salir y encontrarnos. Te veo parado hasta delante, con esa boina que ya es parte de ti.
Un abrazo fuerte, fuerte. Un beso largo, largo. Miradas profundas y relajadas. Nos saludamos y reímos mientras me preguntas del viaje. No me siento muy bien y vamos directo a tu casa. Nos subimos al taxi, damos la dirección y seguimos platicando entre besos y abrazos.
Llegamos al edificio. Me vas presentando con las personas que se van cruzando en nuestro camino. 12 pisos después llegamos a tu departamento. Dejamos la maleta en tu cuarto y decides darme un tour por tu casa. Sala y comedor derecho. Cocina puerta izquierda. Tu cuarto puerta derecha enfrente y el otro cuarto al fondo.
Nos sentamos en el sofá, que más tarde sería nuestra cama, a platicar. Nos actualizamos en todo lo que pasó esa semana, a pesar de ya saberlo gracias a los correos enviados todos los días. En vivo es mejor. Vamos compartiendo cuando de repente interrumpes de vez en cuando preguntándome la misma cosa. Tenemos hambre. Llamas al restaurante y la comida llegará en cuestión de minutos, mientras nosotros seguimos la plática, solo que esta vez en la cocina pues ahí está el teléfono.
El timbre suena y tú abres la puerta. La comida calientita servida en la mesa pronta para nosotros. Arroz blanco, pollo, ensalada, espagueti y los frijoles en otro plato. Empezamos a comer cuando el timbre toca de nuevo, es la señora que hace la limpieza del departamento. La dejas entrar, nos saludamos, te sientas y seguimos comiendo y platicando mientras ella limpia aquí y limpia allá.
Mientras terminamos de comer el departamento queda limpio y a señora se va y nosotros nos regresamos al cuarto para seguir platicando, pues estamos en una de esas pláticas que no acaban porque vamos de tema en tema sin cansarnos. Nosotros con la música del computador. Unas salsas, unos boleros y unas rancheras nos acompañan. En medio de las pláticas, la canción en turno sale de nuestras frías gargantas.
Entonces me enseñas tu más reciente trabajo, unas fotos de cumpleaños, mostrando toda la inocencia y alegría de todas esas personas. Entonces me explicas un poco de cómo manejas tu negocio, relacionándolo con esas platicas que tengo que estudiar. Me interesa saber cómo lo haces. Mientras me explicas veo tu trabajo. Espera. ¡Error ortográfico en la portada! Después de más plática decides hacer el cambio en la portada para poder ir al centro comercial e imprimir de nuevo para poder tener todo listo para tu cliente, quien pasará por el pedido más tarde en la noche.
El tiempo pasa igual que nuestras pláticas, igual que las músicas que nos acompañan. Cuando nos damos cuenta, estamos con hambre de nuevo y decidimos ir a imprimir para después comprar nuestra cena en el hipermercado.
La impresión en proceso mientras nosotros disfrutamos de cono de helado. Es uno de esos helados que son vendidos en los pasillos del centro comercial. Entonces nos sentamos a platicar, disfrutando del helado en lo que tu foto es revelada. El tiempo pasa y nosotros analizamos la decoración de una tienda de lentes oscuros, algunas de las personas que pasan y comparamos un centro comercial con algún otro en el centro de la ciudad.
La impresión esta lista y decidimos ir a comprar algo de cenar, vamos al hipermercado. Sugerencia tuya. Llegamos directo a ver la variedad de baguetes, pagamos y esperamos a que la encargada llegue para preparar nuestra cena. Bromeamos un poco mientras nuestra comida va quedando lista. Vamos por un jugo. Viendo que queremos de diferentes sabores, escogemos dos. Uno de guayaba para ti y otro de uva para mí.
Regresamos a la casa y ponemos la mesa rápido para poder comer. Nos sentamos a la mesa con Jamos Brown de fondo. Platicamos, cantamos y comemos para después descansar y disfrutar de nosotros.
Tenemos platicas infinitas, el jugo se va acabando en los vasos y la cena se queda a la mitad, será nuestro desayuno. Nos quedamos platicando a la mesa un poco más y decidimos cambiar de lugar. Vamos a la sala. Sabemos todo lo que platicamos, lo que reímos, lo que hicimos.
Al día siguiente, despertamos, desayunamos y somos sorprendidos por su llegada. Tan exigente como siempre, ella va entrando en lo que tú recoges lo que está en el suelo de la sala y yo ocupada, enferma.
Después de un rato, regresamos a la ciudad en donde empezaremos una etapa nueva. Una etapa que definirá caminos y acentuará decisiones. Una etapa que definirá el futuro.
MENTE POSITIVA
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario