Ha pasado un año más y vaya que
año ha sido. Hagamos un recuento de los daño, ¿si?
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Viaje a Londres y Copenhague.
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Exhaustivo trabajo de traducciones.
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Operación de ojos.
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Coche nuevo.
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Trabajo nuevo.
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Viaje a Nueva York.
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Cachorro hermoso.
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12
Cuando salgo de viaje, lo tomo
como una oportunidad para conocerme a mí misma, demostrarme que soy capaz de
valerme por mi misma en países ajenos al mío, alejarme de mi realidad, además
de lo más importante claro, conocer y disfrutar.
Este año especialmente, disfruté
mucho de Londres y Copenhague, porque fue la boda de una querida amiga (el
punto principal del viaje), conocí al bebe de otra amiga, vi la nueve por
primera vez y principalmente, lo disfruté más porque lo pagué todo yo. El
resultado de mi trabajo, de mis ahorros, y entonces… era mi momento.
Independientemente de malas rodillas, un viento helado y una gripa sofocante a
mi regreso. Al final de cuentas, ¡siempre vale la pena!
Gracias a unas traducciones
hechas a lo largo de un par de meses, y 50 mil palabras después, pude pagar mi
operación de ojos, nada como la libertad de no tener lentes de contacto y poder
maquillarme sin preocuparme de que termine echa un desastre, además de dar el
enganche para mi coche (dura decisión, después de varias clases, pero regresaré
a eso después) – Sparktacus su nombre, plata su color, nuevo su olor.
Un cambio en mi vida laboral
llegó como anillo al dedo. Un proceso divertido, un tira y jale, negociaciones,
emoción, adrenalina, secretos… una buena decisión. Estoy tranquila con ella, me
siento bien, renovada, con más ganas de trabajar, empezar desde cero, con un camino
más claro por delante. Con el trabajo nuevo, el segundo gran viaje del año, el
último y fue a la gran manzana. Pero, ¿saben que fue lo mejor? Que fue gratis,
el hotel, al avión y los gastos… claro algunos. Creo que por eso lo disfruté
más. Pero aun así, poder ir a un lugar tan icónico, un lugar que no te cansas
de ver por la tv, y de hecho estar ahí y reconocer todos esos lugares, fue un
sentimiento increíble. Además, claro está, de la capacitación, el trabajo, y la
gente.
Un labrador cachorro, chocolate
con ojos verdes y Roco su nombre. Un travieso natura, y como era de esperarse.
Lo que no nos dijeron la afición del perro por morder todo lo que está a su
paso, incluidos nuestros pantalones, pies, y manos. Aún así, se ha ganado
nuestro corazón.
Una separación, un cambio y
ruptura en la vida familiar, que me ha marcado y lastimado profundamente. Aún
en la espera de algún arreglo, de alguna conclusión. Ganas de llorar constantes.
Sospechas. Desesperación y la firme convicción de que no quiero esto para mi
futuro, aunque entiendo que es algo que hasta cierto punto, está fuera de mi
alcance.
Y 12, un poco complicado.
Descontrol, diversión, sustos, nuevas amistades, noches, fines de semana,
adrenalina, edades, ideas… y sin embargo cosas inconclusas.
¿Cómo es posible que una persona puede
entrar tan profundamente en la mente y en el corazón? Aún sabiendo que no es lo
mejor, que tiene tantas cosas cargando en su espalda, sobre sus hombros, tantas
sombras, tanto pasado, y aún así estar dispuesta a tomarlo todo. Aún no se que
se necesita para poderlo sacar del todo, alejarme totalmente de él, a pesar del
hecho que no está físicamente junto a mí, vaya…. ¡Ni en la misma ciudad! Con
todas las posibilidades en contra, con los ojos bien abiertos y con el corazón
muy parchado, he decidido dejarlo atrás, porque él no merece mis pensamientos,
mi tiempo, mis ganas, mis tardes, mi vientre. Adiós.
Cómo propósito de este año, he
decidido regresar al blog, escribir más. Buscar inspiración en lo cotidiano y
plasmarlo aquí.
A la
próxima, pronto…
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